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Relato erotico:
Dos: Dos Intrusos III
Tengo 29 años y dos de casada, mi esposo y yo nos queremos mucho y tenemos muy buen sexo; siempre he sido cuidadosa con mi arreglo y con mi figura, mido 1.67, tengo el cabello castaño a media espalda; soy de tez morena clara, delgada, medidas 95-61-89; mis pechos grandes y mis nalgas bien paradas, según mi marido estoy muy buena.
Ambos trabajamos; yo en una oficina administrativa y él es ejecutivo en
una empresa internacional. Mi marido sale de viaje constantemente por su trabajo
y yo me quedaba sola en casa; fue en una de esas ocasiones en que me ocurrió
lo que voy a contar enseguida:
Llegué a la casa a las 5:00 aproximadamente, mi esposo había
salido a un viaje a provincia. Al abrir la puerta del garage me di cuenta de
que no estaba cerrada con doble llave como siempre la dejábamos; pensé
que había sido un descuido porque en la mañana habíamos
salido muy deprisa; no le di importancia y metí el auto; luego atravesé
el patio; la puerta de entrada a la sala estaba entreabierta y eso ya me preocupó;
nerviosa, imaginé que habíamos sido víctimas de un robo
y entré presurosa a la casa; puse mi bolsa y mi saco en un sillón
de la sala; no faltaba nada aparentemente, en eso escuché ruidos en las
habitaciones de arriba; fui a la cocina y tomé un cuchillo grande; regresé
a la sala y marqué el número de la policía; en eso estaba
cuando escuché que alguien bajaba por la escalera, rápidamente
colgué y me escondí atrás de una cómoda; entonces
los vi, eran dos sujetos; uno pelón con barba, alto y fuerte y el otro
también alto pero delgado; me hice ovillo esperando que no me vieran;
no los alcanzaba a ver pero los escuchaba bien; ellos llevaban algunas bolsas
de lona con pertenencias nuestras y comentaban que había muy poco que
llevarse, el pelón le dijo al otro que le ayudara a desconectar la televisión
de la sala, pero de repente dejaron de hablar y hacer ruido; me asomé
despacio a ver que pasaba; más tardé en asomarme que en sentir
el jalón que el pelón le dio a mi cabello; me habían descubierto.
Lo ataqué con el cuchillo y alcancé a cortarlo en una pierna;
el rugió de dolor y me soltó, corrí hacia afuera con el
otro tipo siguiéndome; mis tacones no ayudaban mucho; el tipo me alcanzó
tomándome del cabello, maldecí tener el cabello tan largo y traté
de darle con el cuchillo, pero ya él me detenía la mano y me torció
la muñeca, obligándome a soltar el cuchillo por el dolor; el tipo
me llevó hasta un rincón del patio, me arrinconó de frente
a la pared con una mano en la espalda y sin soltarme el cabello; ya el pelón
se había recuperado de la sorpresa y salía de la casa; se me acercó
y me dijo que lo que le había hecho me iba a costar muy caro; recogió
el cuchillo y se paró a mi lado, me colocó el cuchillo en el cuello;
yo cerré los ojos imaginando que hasta allí había llegado,
creí que moriría en ese momento y así habría sido
de no ser porque el otro tipo le dijo al pelón que se calmara, que había
mejores venganzas que matarme.
El pelón sonrió y me dijo: “Ya verás mamacita, como
me la vas a pagar”; yo no sabía si era mejor eso o que me hubieran
matado, estaba en manos de dos locos y sabe dios que tendrían en mente.
El pelón le ordenó al otro que me soltara y me dijo que me volteara
hacia él; lo hice y el pelón me agarró del cuello con una
mano mientras con la otra colocaba el cuchillo en mi garganta; me dijo que tendría
que hacer lo que ellos ordenaran o no contaría para vivirlo, le respondí
que se llevaran lo que quisieran, pero que me dejaran, que no los delataría.
El pelón me dijo que lo había lastimado y tendría que pagar.
El pelón se separó de mi un momento y me ordenó desvestirme;
“Queremos verte desnuda”, me dijo mientras me amenazaba con el cuchillo;
asustada empecé a quitarme el traje sastre que había llevado al
trabajo; me desabotoné la blusa y la dejé caer al suelo; seguí
con la falda; quedé en ropa interior y ellos me ordenaron quitármela;
con mucha vergüenza me quité el sostén, pero al quitármelo
me tapé los pechos pudorosamente; me dijeron que me quitara los zapatos
y las medias, lógicamente al hacerlo destapé mis pechos dejándolos
admirarlos; noté como el flaco se tocaba su miembro por encima del pantalón
y se le hacía un bulto bastante grande; quedé solo con mi pantaleta,
sintiendo el frío y las miradas morbosas de aquellos individuos.
El pelón se me acercó y me dijo: “Que ricas chichis tienes
mamacita” al tiempo que me acariciaba los senos con una mano y me hacía
sentir el frío del cuchillo en el vientre; quería meter las manos,
pero sabía que el tipo no dudaría en enterrarme el cuchillo si
me resistía; él empezó a pasarme su lengua por el cuello
y bajó a mis pechos; aunque me sentía amenazada, no pude evitar
la erección de mis pezones al sentir la caricia del hombre; cerré
los ojos tratando de pensar en otra cosa, pero mi cuerpo empezaba a responder
a las caricias del bruto aquél.
De repente se detuvo; me tomó del cabello y me obligó a hincarme;
se había bajado los pantalones y la trusa, dejando al descubierto su
enorme falo erecto; me ordenó lamerle la herida que le había hecho
con el cuchillo; lo hice aguantando el asco que me daba la sangre en la herida;
me dijo que tenía que limpiarla bien, lo hice lo mejor que pude y luego
me ordenó chuparle el pene, sin dejar de amenazarme con el cuchillo,
el cual estaba en mi oreja.
Abrí la boca y me introduje el enorme miembro del tipo; recordé
como le gusta a mi marido cuando se la chupo y lo hice igual; al parecer al
tipo le gustó mucho, pues gozó mucho la chupada; colocó
sus manos en mi cabeza sin soltar el cuchillo; por un momento pensé morderle
el pene, pero seguramente él me clavaría el cuchillo y además
ellos eran dos y yo estaba sola, recordé que mi esposo había dicho
que me iba a llamar cuando estuviera en el hotel en donde se alojaría
y en eso sonó el teléfono; el pelón me ordenó que
no me detuviera y seguí chupando; escuché que contestaba la máquina
y mi esposo me dejó un recado: “Amor, ya estoy en el hotel; si
llegas temprano llámame; si no, te llamo mañana cuando regrese
de atender los negocios; ya te extraño, de pensar que te veré
hasta dentro de cuatro días me pongo triste, bueno, te dejo, un beso”.
Pensé en que mi esposo acababa de decirles a los tipos que podían
disponer de mí libremente, pues el no llegaría y me lamenté
tener la maldita máquina.
Seguí lamiéndole el pene al pelón hasta que tuvo su orgasmo;
me hizo tragarme su cochino semen, sosteniéndome la cabeza para que no
pudiera apartarme.
Luego me hicieron que le chupara el miembro al flaco; este lo tenía
muy delgado, pero extremadamente largo; imaginé que dolería mucho
si lo empujaba hasta el fondo; pero lo lamí con maestría, haciendo
gozar como loco al tipo; él me tenía de los cabellos y me movía
adelante y atrás para que no dejara de chupárselo; se lo chupé
hasta que terminó, lanzándome su semen en la cara.
Pensé que ya había terminado todo, pero no sabía lo que
me esperaba, los tipos no se iban a conformar con una mamada y menos ahora que
sabían que yo estaba sola.
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