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Relato erotico:
Dos: Dos Intrusos IV
La tortura continuo, ellos no se satisfacian y yo tuve que seguir teniendo sexo forzadoMe desperté sumamente adolorida por la incómoda posición
en la que me dormí; un rato después entró el flaco y me desató
las manos y los pies, me ordenó bañarme; me quité la mordaza
y lo hice, mientras él cantaba al otro lado de la cortina de baño;
de repente él abrió la cortina y se metió a la ducha conmigo;
pude ver que realmente no estaba tan mal de cuerpo, pues era parecido al de mi
marido, me ordenó que lo enjabonara y tuve que hacerlo; cuando le lavaba
su pene se le endureció; él me volteó contra la pared de
azulejo y sin ninguna advertencia me clavó su pene en la vagina; tal vez
fue por el jabón, pero el pene se deslizó dentro de mí sin
resistencia y ahí sentí un poco de placer; ese tipo me hizo tener
un orgasmo en el baño.
No tardó mucho en terminar otra vez dentro de mí; terminamos
de bañarnos y al salir nos ayudamos a secarnos mutuamente; fuimos a la
recámara y me ordenó vestirme con ropa cómoda; él
tomó ropa de mi esposo que le quedaba a la perfección; bajamos
a la sala y me hicieron llamar a mi trabajo por teléfono para que me
reportara enferma, lo hice tratando de aparentar calma, pues el pelón
otra vez tuvo todo el tiempo el cuchillo amenazante en mi vagina.
Me ordenaron preparar el desayuno, lo hice y los tres comimos; luego me dieron
mi bolsa y me hicieron subirme al auto y conducir a un centro comercial, no
sin antes amenazarme de muerte si se me ocurría pedir ayuda a alguien;
al ser un día entre semana en la mañana, no había mucha
gente; el flaco me abrazaba disimulando el cuchillo en mi espalda; fuimos a
un cajero automático y me hicieron sacar todo lo que se podía
de mis tarjetas, luego compramos varias cosas como una televisión, un
dvd, y otros aparatos eléctricos hasta que mis tarjetas quedaron totalmente
saturadas; contratamos una mudanza de la misma tienda y llevamos las cosas a
una casa en un lugar apartado; pero el que manejó en esa ocasión
fue el pelón; a mí me vendaron los ojos y me hicieron acostarme
atrás, con el flaco cuidándome.
El viaje fue largo, pero por fin regresamos a la casa; como había mensajes
de mi oficina tuve que comunicarme de nuevo, inventando esta vez que había
ido al doctor y por instrucciones de ellos tuve que inventar que el doctor me
había ordenado reposar dos días más; siempre con al amenaza
del cuchillo en mi vagina.
En cuanto terminé de hablar, me ordenaron desvestirme; el flaco se tendió
en el piso de la sala; me hicieron que me clavara en su pene y luego me moví,
dándole placer al flaco; al estar yo seca sentí mucho dolor y
sobre todo cuando su largo pene entró hasta el fondo de mí; pero
eso no era todo, me hicieron recostarme sobre el flaco y el pelón me
penetró por el ano, causándome un tremendo dolor; pero no pude
gritar porque el pelón me amenazaba con el mismo cuchillo en mi espalda.
Los dos estuvieron penetrándome un buen rato hasta que se vinieron sin
salirse, primero fue el flaco y luego el pelón, casi al mismo tiempo.
La pesadilla estaba lejos de terminar, ellos todavía tenían planes
para mí; les pregunté cuando me dejarían en paz, se limitaron
a sonreír y a decirme: ?ya lo verás?.
Todo ese día me la pasé como su esclava, estuve casi desnuda,
solo con una tanga; me ordenaron que les hiciera de comer, les lavé la
ropa que llevaban; incluso el pelón estuvo desnudo mientras lo hice porque
ninguna ropa de mi marido le quedó y de hecho a él no le importó
mucho, incluso se paseaba frente a mí y pude ver que aunque estaba fuerte,
no tenía grasa; por el contrario era una persona atlética.
Cuando sonaba el teléfono, yo tenía que contestar aparentando
tranquilidad, pues siempre el pelón colocaba la punta de la navaja en
mi vagina o en algún seno; cuando llamó mi marido me solté
llorando y tuve que inventarle que era porque lo extrañaba y él
tiernamente me estuvo consolando.
Ya en la tarde, el pelón me llevó a la recámara, me ordenó
que me acostara atravesada en ella y lo hice; con unas cuerdas me ató
un brazo a la cabecera de la cama y el otro a una pata del otro lado; ya que
me tuvo así, me ordenó abrir las piernas y metió su cabeza
entre ellas; empezó a lamerme la vagina provocándome un gran placer;
estuvo así un buen rato cada vez me hacía sentir más y
más placer, hasta que me hizo tener un gran orgasmo; gemí de placer;
pero en cuanto terminé me dijo: ?Ya gozaste, ahora vas a sufrir? y volvió
a meter su cabeza entre mis piernas, pero en esta ocasión no me lamió,
sino que con los dientes comenzó a morderme los labios de la vagina y
el clítoris, haciéndome retorcer de dolor; el flaco se había
colocado del lado donde estaba mi cabeza y cuando abrí la boca para gritar
por el dolor que me causaba su amigo, metió su pene en mi boca, haciéndome
que se lo chupara y evitando que pudiera gritar.
El dolor era insoportable y más se incrementó cuando el flaco
empezó a pellizcarme los pezones; él enterraba sus uñas
en ellos y las lágrimas volvieron a saltar de mis ojos; después
de un rato de estarme mordiendo, el pelón se enderezó y me penetró
salvajemente, se inclinó sobre mí y me mordió los senos,
mientras el flaco soltaba grandes chorros de semen en mi boca; casi me ahogo
con tanto líquido.
Cuando el flaco sacó su pene de mi boca, me metió de nuevo la
trusa de mi marido que me habían puesto un día antes para evitar
que gritara, el pelón siguió violándome y mordiéndome
durante un tiempo que se me hizo eterno; siguió y siguió hasta
que descargó un gran chorro de semen dentro de mí; luego se levantó
y me dijo: ?Todavía estás sabrosa? y pasándose del otro
lado de la cama me sacó la trusa y me ordenó limpiarle el pene
con la boca, lo hice lo mejor que pude, sollozando por el dolor que aún
sentía.
Me volvieron a amordazar y salieron de la recámara, me dejaron llorando
y lamentándome mi mala suerte; con tanto dolor y cansancio me dormí
no sé cuanto tiempo.
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