Categorias de relatos
· Otros...
Relato erotico:
Dos: Dos Intrusos I
Me desperté sumamente adolorida por la incómoda posición en la que me dormí; un rato después entró el flaco y me desató las manos y los pies, me ordenó bañarme; me quité la mordaza y lo hice, mientras él cantaba al otro lado de la cortina de baño; de repente él abrió la cortina y se metió a la ducha conmigo; pude ver que realmente no estaba tan mal de cuerpo, pues era parecido al de mi marido, me ordenó que lo enjabonara y tuve que hacerlo; cuado le lavaba su pene se le endureció; él me volteó contra la pared de azulejo y sin ninguna advertencia me clavó su pene en la vagina; tal vez fue por el jabón, pero el pene se deslizó dentro de mí sin resistencia y ahí sentí un poco de placer; ese tipo me hizo tener un orgasmo en el baño.
No tardó mucho en terminar otra vez dentro de mí; terminamos de
bañarnos y al salir nos ayudamos a secarnos mutuamente; fuimos a la recámara
y me ordenó vestirme con ropa cómoda; él tomó ropa
de mi esposo que le quedaba a la perfección; bajamos a la sala y me hicieron
llamar a mi trabajo por teléfono para que me reportara enferma, lo hice
tratando de aparentar calma, pues el pelón otra vez tuvo todo el tiempo
el cuchillo amenazante en mi vagina.
Me ordenaron preparar el desayuno, lo hice y los tres comimos; luego me dieron
mi bolsa y me hicieron subirme al auto y conducir a un centro comercial, no
sin antes amenazarme de muerte si se me ocurría pedir ayuda a alguien;
al ser un día entre semana en la mañana, no había mucha
gente; el flaco me abrazaba disimulando el cuchillo en mi espalda; fuimos a
un cajero automático y me hicieron sacar todo lo que se podía
de mis tarjetas, luego compramos varias cosas como una televisión, un
dvd, y otros aparatos eléctricos hasta que mis tarjetas quedaron totalmente
saturadas; contratamos una mudanza de la misma tienda y llevamos las cosas a
una casa en un lugar apartado; pero el que manejó en esa ocasión
fue el pelón; a mi me vendaron los ojos y me hicieron acostarme atrás,
con el flaco cuidándome.
El viaje fue largo, pero por fin regresamos a la casa; como había mensajes
de mi oficina tuve que comunicarme de nuevo, inventando esta vez que había
ido al doctor y por instrucciones de ellos tuve que inventar que el doctor me
había ordenado reposar dos días más; siempre con al amenaza
del cuchillo en mi vagina.
En cuanto terminé de hablar, me ordenaron desvestirme; el flaco se tendió
en el piso de la sala; me hicieron que me clavara en su pene y luego me moví,
dándole placer al flaco; al estar yo seca sentí mucho dolor y
sobre todo cuando su largo pene entró hasta el fondo de mí; pero
eso no era todo, me hicieron recostarme sobre el flaco y el pelón me
penetró por el ano, causándome un tremendo dolor; pero no pude
gritar porque el pelón me amenazaba con el mismo cuchillo en mi espalda.
Los dos estuvieron penetrándome un buen rato hasta que se vinieron sin
salirse, primero fue el flaco y luego el pelón, casi al mismo tiempo.
La pesadilla estaba lejos de terminar, ellos todavía tenían planes
para mí; les pregunté cuando me dejarían en paz, se limitaron
a sonreír y a decirme: “ya lo verás”.
Todo ese día me la pasé como su esclava, estuve casi desnuda,
solo con una tanga; me ordenaron que les hiciera de comer, les lavé la
ropa que llevaban; incluso el pelón estuvo desnudo mientras lo hice porque
ninguna ropa de mi marido le quedó y de hecho a él no le importó
mucho, incluso se paseaba frente a mí y pude ver que aunque estaba fuerte,
no tenía grasa; por el contrario era una persona atlética.
Cuando sonaba el teléfono, yo tenía que contestar aparentando
tranquilidad, pues siempre el pelón colocaba la punta de la navaja en
mi vagina o en algún seno; cuando llamó mi marido me solté
llorando y tuve que inventarle que era porque lo extrañaba y él
tiernamente me estuvo consolando.
Ya en la tarde, el pelón me llevó a la recámara, me ordenó
que me acostara atravesada en ella y lo hice; con unas cuerdas me ató
un brazo a la cabecera de la cama y el otro a una pata del otro lado; ya que
me tuvo así, me ordenó abrir las piernas y metió su cabeza
entre ellas; empezó a lamerme la vagina provocándome un gran placer;
estuvo así un buen rato cada vez me hacía sentir más y
más placer, hasta que me hizo tener un gran orgasmo; gemí de placer;
pero en cuanto terminé me dijo: “Ya gozaste, ahora vas a sufrir”
y volvió a meter su cabeza entre mis piernas, pero en esta ocasión
no me lamió, sino que con los dientes comenzó a morderme los labios
de la vagina y el clítoris, haciéndome retorcer de dolor; el flaco
se había colocado del lado donde estaba mi cabeza y cuando abrí
la boca para gritar por el dolor que me causaba su amigo, metió su pene
en mi boca, haciéndome que se lo chupara y evitando que pudiera gritar.
El dolor era insoportable y más se incrementó cuando el flaco
empezó a pellizcarme los pezones; él enterraba sus uñas
en ellos y las lágrimas volvieron a saltar de mis ojos; después
de un rato de estarme mordiendo, el pelón se enderezó y me penetró
salvajemente, se inclinó sobre mí y me mordió los senos,
mientras el flaco soltaba grandes chorros de semen en mi boca; casi me ahogo
con tanto líquido.
Cuando el flaco sacó su pene de mi boca, me metió de nuevo la
trusa de mi marido que me habían puesto un día antes para evitar
que gritara, el pelón siguió violándome y mordiéndome
durante un tiempo que se me hizo eterno; siguió y siguió hasta
que descargó un gran chorro de semen dentro de mí; luego se levantó
y me dijo: “Todavía estás sabrosa” y pasándose
del otro lado de la cama me sacó la trusa y me ordenó limpiarle
el pene con la boca, lo hice lo mejor que pude, sollozando por el dolor que
aún sentía.
Me volvieron a amordazar y salieron de la recámara, me dejaron llorando
y lamentándome mi mala suerte; con tanto dolor y cansancio me dormí
no se cuanto tiempo.
Desperté porque escuché mucho ruido proveniente de la parte de
abajo; se oían risas y que movían cosas; de repente entró
el pelón y sin decir nada me desató; me ordenó levantarme
y me hizo poner los brazos cruzados en la espalda, me los amarró y me
hizo caminar desnuda escaleras abajo; allí vi lo que sucedía:
Varios tipos sacaban de mi casa los muebles, los aparatos y todo lo que les
daba la gana; afuera había un camión de mudanzas en el que estaban
metiendo todo. Todos se detuvieron para mirarme; hicieron comentarios acerca
de lo buena que estaba y que si valía la pena haber ido; en ese momento
sonó el teléfono, el pelón me quitó la mordaza,
descolgó y me colocó la bocina para que hablara; me puso el cuchillo
en un seno; era una vecina que me preguntaba porque estábamos mudándonos
de noche y me pidió que dejáramos de hacer ruido; le expliqué
como pude que todo estaba bien y que trataríamos de no molestarla más.
Cuando colgué le expliqué al pelón lo que había
pasado y el me dijo que si volvía a hablar la vecina, le dijera que fuera
a la casa para que ellos pudieran disfrutarla como habían hecho conmigo.
El pelón me llevó al comedor, allí me hizo empinarme sobre
la mesa y me ordenó abrir las piernas, de tal manera que los tipos pudieron
admirar mis nalgas y mi vagina; el pelón se colocó detrás
de mí, se bajó el pantalón y sin ningún preámbulo
me metió hasta el fondo su pene, haciéndome gemir de dolor; de
nuevo me violó sádicamente, dándome nalgadas y pellizcos
en todo el cuerpo mientras sus amigos celebraban. Ellos volvieron a trabajar
sacando las cosas de la casa mientras el pelón siguió metiendo
y sacando su miembro hasta que terminó dentro de mí.
El pelón se subió el pantalón y me ordenó quedarme
como estaba; en poco tiempo uno de sus amigos estaba detrás de mí
empujando su pene dentro de mi vagina sin compasión; un buen rato estuvo
abusando de mí hasta que también soltó su semen adentro.
Luego él se fue y otro tipo me lo hizo y así uno tras otro abusaron
de mí, grande fue mi desesperación al no poder hacer nada, atada
y amordazada; solo pude gemir hasta que la garganta me dolió; todos ellos
terminaron dentro de mí, dejándome asqueada y adolorida de tanto
sexo a la fuerza.
No supe cuantos fueron, calculé unos ocho, incluidos el pelón
y el flaco que fue el último. Cuando él terminó, me llevó
al baño, me desató y me ordenó asearme; realmente fue un
descanso para mí; me sentía demasiado sucia por todo lo que me
habían hecho.
Terminé de bañarme y de secarme, siempre vigilada por el flaco;
me dejó ponerme solo una tanga y me hizo bajar de nuevo; me ordenó
vaciar el refrigerador y preparar una cena para todos sus amigos; les preparé
de cenar y se sentaron a la mesa; les tuve que servir como si fuera su criada;
ellos cada vez que podían me tocaban las nalgas o los senos y no pude
protestar porque el pelón me amenazaba con el mismo cuchillo. Luego comieron
y bebieron hasta hartarse, cuando terminaron, juntaron las sobras en un plato
y me hicieron comérmelas; pero como se llevaron el comedor, me pusieron
el plato en el suelo y me humillaron obligándome a comer como un perro.
El pelón me llevó arriba y me ató en la cama boca abajo,
en forma de X; me amordazó como siempre y se fue; al poco rato, entró
uno de sus amigos y me abrió las nalgas, puso su pene en la entrada de
mi ano y empujó para meterlo; al principio no pudo; pero después
de varios intentos y de hacerme sufrir con los mismos, metió su miembro
en mi adolorido ano; me hizo llorar y gritar, pero otra vez mis gritos quedaban
apagados en la mordaza; a él no le importó, siguió metiendo
y sacando su pene hasta que tuvo su orgasmo y se salió; se limpió
el pene en mis nalgas y se fue.
No tardó mucho en llegar otro, me hizo lo mismo que el anterior; entró
y salió de mi ano hasta que se vino dentro de mí; así uno
tras otro masacraron mi ano durante varias horas. Cuando el último terminó,
me desataron de la cama y me hicieron caminar hacia abajo; vi como la casa estaba
vacía, habían arrasado con todo; me llevaron al patio y el pelón
me ordenó hincarme de espaldas a un pilar que estaba casi a la mitad;
me pusieron los brazos hacia atrás y me ataron al pilar, luego me ataron
también los pies al mismo; finalmente, me colocaron una toalla alrededor
de la boca, encima de la mordaza que ya tenía; los vi sacar todos los
muebles de mi recámara, incluída la cama; el pelón se me
acercó y mostrándome el cuchillo me dijo que no diera parte a
las autoridades de lo que había sucedido o regresarían a matarme;
me apretó los senos diciéndome que la había pasado muy
bien y se fue.
Apenas amanecía y el frío me calaba hasta los huesos, no sabía
que día ni que hora era, esperaba que ese día llegara mi esposo
para que me liberara, pero las horas fueron pasando y no llegaba, empecé
a sentir calambres en los brazos y un intenso dolor en las rodillas y la espalda,
luego el sol cayó como plomo sobre mí y la sed empezó a
agobiarme; sudaba exageradamente y creí que moriría. Luego se
hizo tarde y el viento enfrío mi propio sudor, haciéndome tiritar
de frío; después llegó la noche y con ella perdí
la esperanza de que mi esposo llegara; creo que empecé a desvariar, pues
recuerdo que veía a mi esposo y mis padres; pero creo que esto me ayudó
pues ellos me decían que aguantara, que pronto terminaría la pesadilla;
en otro sueño, el pelón me mostraba una jarra llena de agua y
se la tomaba toda mientras yo le chupaba el pene; no recuerdo que cosas más
soñé, pero aguanté esa noche; de nuevo en la madrugada
el intenso frío me hizo desear morir; creo que me desmayé, porque
lo siguiente que recuerdo fue que estaba en un hospital; mi esposo me explicó
que al llegar a casa me encontró en muy mal estado atada al pilar y que
de inmediato llamó a la policía y a la ambulancia.
Denunciamos el robo, pero no la violación multitudinaria de que fui
objeto, yo se lo pedí a mi marido.
Ahora estoy en un albergue, mi esposo me abandonó cuando supo que estaba
embarazada; del trabajo me despidieron por faltar tantos días y como
mis tarjetas estaban al tope y no tenía dinero, me vine acá para
tener mi bebé, aquí me tratan bien, tuve que registrarme con un
nombre diferente porque no quiero que nadie me encuentre, ya veré como
salgo adelante después.
__________________________
|