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Relato erotico:
HUMEDAS PENETRACIONES
Hasta ahora mi vida sexual no estuvo signada por ningún acontecimiento especial, estoy de novio hace ocho meses y si bien los deseos sexuales de mi novia no son semejantes a los míos nunca le había sido infiel.
Hace poco tiempo conocí a Dolores, es una chica de hermoso pelo castaño y ondulado, ojos de mirada brillante y un cuerpo capaz de volver a la vida a un moribundo. Apenas nos conocimos nos gustamos, como mi relación no funcionaba bien y la suya tampoco, los dos necesitábamos alguien en quien confiar, invariablemente nuestras charlas terminaban en el tema del sexo, ninguno de los dos lograba con sus parejas lo que realmente deseaba, muchas veces cuando su novio no iba a verla, me llagaba a su casa, nos sentábamos en el sillón, tomábamos algo y conversábamos.
Ella comenzó a hacerme notar no con mucha sutileza que me deseaba, pero al comienzo yo trataba de no darme por aludido, ocho meses de novio sin quebrar mi fidelidad con ninguna aventura no era un récord que estuviera muy seguro de querer romper.
En una de esas visitas que yo acostumbraba a hacerle nos sentamos en el sillón después de tomar un vaso de whisky, comencé a sentir sus efectos y decidí mandar todo al diablo. Me recliné hacia ella y la besé en la boca, ella de pronto se volvió un manojo de pasión. Su lengua entraba y salía de mi boca, sus manos se movían por todo mi cuerpo mientras ella se recostaba sobre el sillón quedándome sobre ella.
Cuando comencé a quitarle la remera se resistió. Parecía muy confundida, no podía detenerse pero tampoco seguir adelante.
Dolores se levantó y se fue al baño, cuando salió me vio en el dormitorio. La tomé y la llevé a la cama, ella me quitó los pantalones y comenzó a besarme. Ella me había dicho que le gustaba el sabor a semen, y yo estaba a punto de hacerle probar el mío. Me besó en la boca y luego fue descendiendo hasta llegar a la cintura de mis calzoncillos, entonces me besó, me lamió y acarició el miembro a través de la delgada tela de mi ropa interior. Justo en el momento en que me los iba a quitar para meterle el miembro en la boca, ella se adelantó y realizó esa maniobra, esta chica sabía medir los tiempos con una gran exactitud.
Me succionó el miembro durante lo que me parecieron horas, los dos estábamos transpirando como dos atletas, finalmente no aguanté mas y me descargué en su garganta.
Para Dolores eso era el sexo, su novio solo llegaba una vez y por eso pensó que ya habíamos terminado, pero yo no podía permitir que culpa de su novio los hombres quedáramos tan mal parados. Nos acariciamos y mimamos durante un tiempo, ella estaba sorprendida de que yo quisiera seguir, (no se como algún hombre podía sentir frío con ella en la cama). Durante todo el tiempo ella tenía puestos los pantalones.
Aún no estaba segura de si quería que la penetrara, mientras seguíamos tocándonos le saqué los pantalones, los tenía húmedos, la besé en el vientre hasta llegar a su tanga, cuando comencé a acariciar con mi lengua su vagina a través de su bombachita, ella gemía como loca, por momentos intentaba apartarme, para luego atraerme de nuevo, le bajé la tanguita y empecé a succionar su nidito, la miré y tenía la cara oculta en la almohada, gemía de placer y de indecisión al mismo tiempo.
Yo pensé que ya habíamos llegado tan lejos que no podíamos volver atrás, la monté y apreté mi miembro contra su vagina, al comienzo tuve una cierta dificultad, ella estaba muy mojada, eso no era el problema, pero era increíblemente estrecha. Cuando finalmente logré meter mi miembro en su interior sentí que estaba en el paraíso, no podía haber una vagina mas estrecha que la suya. Mientras entraba y salía, ella gemía de placer, cuando miraba su cuerpo estremeciéndose, sentía que me iba a descargar como nunca en mi vida.
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