¡Padre, vengo a confesarme según el mandamiento!
con rigor debe acusarme de pecar contra el sexto.
¡Hija mia!, ten presente que estás ante el confesor
y el cielo castiga al que miente con grandísimo rigor.
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No le miento señor cura: hablo claro al confesarme.
Yo he pecado contra el sexto, en todo lo que mande.
Fornicar, follar o joder. No importa cual sea el nombre
vuelve loca a la mujer, y deja sin leche al hombre.
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Bien te explicas, Teresita, que en la cuestión de follar
eres más puta que rita, según puedo yo preciar.
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Me acuso señor cura, de enfadarme el otro día
pues me entró la calentura y mi novio ¡no venía!.
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¿Qué edad tienes, Teresita, para tanta calentura?,
al mirarte juraría que eres una criatura.
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Los quince llevo cumplidos desde el mes pasado
pero antes ya he jodido, ¡y el gusto que me ha entrado!.
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Baja un poquito la voz, que anda cerca el sacristán
y puesto tiene fino el oido que se entere no es plan
pues gasta buena polla y si se entera del caso
no te dejará salir sin meterte un buen pollazo.
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¡Que alegría señor cura!, que en mi coño tan pequeño
diese yo sepultura, a ese pedazo de leño.
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Para ver si, hija mia, es pequeño para mi polla
luego probaremos, si quieres, en la misma sacristía.
Pero cuentame desde un principio como empezó tu aficción
y haremos la prueba después de la confesión.
Cuando me la veas, si no te mueres del susto
verás que la tengo tiesa, y te hace enloquecer de gusto.
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No le de a usted compasión y no tema que me hiriera
mi coño ya recibió, leche de esa higuera.
Verá usted, en un poco rato, que aún siendo una chiquilla
le voy a sacar la leche, de la misma coronilla.
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Aaabrete de piernas ¡¡Teresa!!, para que sin que sientas dolor
entrarla toda tiesa dentro del coño mejor.
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Déjese de palabras, ¡que ya estoy a punto!.
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Pues quitate las bragas, ¡¡que voy y te la junto!!.
Quieres decirme, calentorra, ¿quien fué el primero
en ver esas tetorras, a punto de caramelo?.
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¡Ay señor cura, que alegría me produce el recordarlo!
¡con la picha que tenía, dificil será olvidarlo!.
Un día me perdí, en un campo de margaritas
y cuando auxilio pedí, un pastor acudió, que a su choza me llevó.
Al terminar de cenar me dió un beso y me puse a temblar
por el miedo que sentía.
¡No te asustes Teresita, que nos vamos a acostar!.
Me dasabrochó la blusa, quedando al aire mis tetas,
pues no tenía sosten, ¡y empezó a besarme en la punta del pezón!.
Yo no hice resistencia, sintiendo una dulce sensación
y esperé con impaciencia el final de la función.
Sin saber lo que me hacía mis piernas fuí separando
mientras algo dulce y calentito, en el coño me iba entrando.
Me dió besos y apretones mientras de mi culo colgaban sus dos hermosos cojones.
Me la entró poco a poco y luego con más ardor,
como si se volviera loco, muy bajito preguntó:
¡Ay, te duele vida mia!, yo nada le contesté pero le afrecí mi boca y a su cuello me abracé com si estuviera loca.
Lo que mi cuerpo sintió, no lo olvidaré en mi vida.
Cuando me volvió a follar me entró más facilmente
y así pasamos la noche, jodiendo locamente.
Y al llegar el nuevo día, tenía el coño chorreando
y a él la polla le dolía.
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Te explicas cosa fina, no hay duda que eres calentorra
pues según voy comprobando jodes más que una gallina.
Yo te absuelvo y te bendigo, y pongo por penitencia
que cada día conmigo, pases un rato en la sacristía.
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_MORALEJA_:
_En este mundo traidor, nunca falta la Teresa ni tampoco el confesor