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Niña: Confesión de la niña calentorra


Poesía anónima de algún travieso cura cuya encendida pluma, penetró audaz en los conventos de clausura que alabaron del poeta sus gloriosas azañas y los hinchados portentos escondidos en su bragueta. Dice así:

¡Padre, vengo a confesarme según el mandamiento!

con rigor debe acusarme de pecar contra el sexto.

¡Hija mia!, ten presente que estás ante el confesor

y el cielo castiga al que miente con grandísimo rigor.

-

No le miento señor cura: hablo claro al confesarme.

Yo he pecado contra el sexto, en todo lo que mande.

Fornicar, follar o joder. No importa cual sea el nombre

vuelve loca a la mujer, y deja sin leche al hombre.

-

Bien te explicas, Teresita, que en la cuestión de follar

eres más puta que rita, según puedo yo preciar.

-

Me acuso señor cura, de enfadarme el otro día

pues me entró la calentura y mi novio ¡no venía!.

-

¿Qué edad tienes, Teresita, para tanta calentura?,

al mirarte juraría que eres una criatura.

-

Los quince llevo cumplidos desde el mes pasado

pero antes ya he jodido, ¡y el gusto que me ha entrado!.

-

Baja un poquito la voz, que anda cerca el sacristán

y puesto tiene fino el oido que se entere no es plan

pues gasta buena polla y si se entera del caso

no te dejará salir sin meterte un buen pollazo.

-

¡Que alegría señor cura!, que en mi coño tan pequeño

diese yo sepultura, a ese pedazo de leño.

-

Para ver si, hija mia, es pequeño para mi polla

luego probaremos, si quieres, en la misma sacristía.

Pero cuentame desde un principio como empezó tu aficción

y haremos la prueba después de la confesión.

Cuando me la veas, si no te mueres del susto

verás que la tengo tiesa, y te hace enloquecer de gusto.

-

No le de a usted compasión y no tema que me hiriera

mi coño ya recibió, leche de esa higuera.

Verá usted, en un poco rato, que aún siendo una chiquilla

le voy a sacar la leche, de la misma coronilla.

-

Aaabrete de piernas ¡¡Teresa!!, para que sin que sientas dolor

entrarla toda tiesa dentro del coño mejor.

-

Déjese de palabras, ¡que ya estoy a punto!.

-

Pues quitate las bragas, ¡¡que voy y te la junto!!.

Quieres decirme, calentorra, ¿quien fué el primero

en ver esas tetorras, a punto de caramelo?.

-

¡Ay señor cura, que alegría me produce el recordarlo!

¡con la picha que tenía, dificil será olvidarlo!.

Un día me perdí, en un campo de margaritas

y cuando auxilio pedí, un pastor acudió, que a su choza me llevó.

Al terminar de cenar me dió un beso y me puse a temblar

por el miedo que sentía.

¡No te asustes Teresita, que nos vamos a acostar!.

Me dasabrochó la blusa, quedando al aire mis tetas,

pues no tenía sosten, ¡y empezó a besarme en la punta del pezón!.

Yo no hice resistencia, sintiendo una dulce sensación

y esperé con impaciencia el final de la función.

Sin saber lo que me hacía mis piernas fuí separando

mientras algo dulce y calentito, en el coño me iba entrando.

Me dió besos y apretones mientras de mi culo colgaban sus dos hermosos cojones.

Me la entró poco a poco y luego con más ardor,

como si se volviera loco, muy bajito preguntó:

¡Ay, te duele vida mia!, yo nada le contesté pero le afrecí mi boca y a su cuello me abracé com si estuviera loca.

Lo que mi cuerpo sintió, no lo olvidaré en mi vida.

Cuando me volvió a follar me entró más facilmente

y así pasamos la noche, jodiendo locamente.

Y al llegar el nuevo día, tenía el coño chorreando

y a él la polla le dolía.

-

Te explicas cosa fina, no hay duda que eres calentorra

pues según voy comprobando jodes más que una gallina.

Yo te absuelvo y te bendigo, y pongo por penitencia

que cada día conmigo, pases un rato en la sacristía.

-

_MORALEJA_:

_En este mundo traidor, nunca falta la Teresa ni tampoco el confesor





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