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Relato erotico:

Violacion: Violación (II)


Desperté de un profundo sueño. Todo era obscuridad

No podía pensar correctamente, sentía un profundo dolor de cabeza, aunque en realidad todo el cuerpo me dolía. Recordé lo que había sucedido cuando sentí el penetrante olor a excremento de los caballos que había en la bodega. Inmediatamente vinieron las imagenes a mi mente, recordé lo que había pasado, aún sentía malestar en mi trasero. Recordé aterrorizado que Romina también había sido violada. Traté de hablar, pero los nervios, la desesperación, el miedo no me dejaban.

No tenía idea de cuanto tiempo había estado ahí. No sabía si era de noche o de día. Si estaba solo o acompañado. Lo único que sabía era que estaba ahí, tirado, rodeado de animales, sin poderme mover o hablar. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Romina estaba bien? ¿Dónde estaba? ¿Habrían localizado a mis padres? ¿Estarían negociando mi libertad?

Por un momento pensé en que mi padre se negaría a pagar la suma que le exigieran, alegando que estaba bien que me pasara, que era un castigo para mi por ser tan tonto. Mi padre es así, cree que todo lo que hago está mal. Pero decidi quitar todas esas ideas de mi mente. Tendría que calmarme si quería sobrevivir. Decidí descansar un poco, tratar de pensar las cosas con calma, solo así nos salvaríamos.

Después de un buen rato de estar así, se abrió la puerta, la luz que entró a la bodega hizo que los ojos me ardieran, si antes no veía nada en la obscuridad ahora la luz era la que me impedía ver. Era uno de ellos. Sentí sus pasos venir hacia mi, cada paso que él daba hacía que mi corazón se acelerara más. Estaba seguro que venía por mi para llevarme a casa, que todo se había arreglado, mi padre había pagado la suma y asunto resuelto.

De repente se detuvo, hizo unos movimientos extraños y empezó a arrastrar algo. Mis ojos se empezaban a acostumbrar a la luz, pude ver borrosamente que se trataba del hombre alto y fornido que jalaba del brazo a Romina. Ella estaba totalmente desnuda, su cuerpo se veía pálido, de por si ella era muy blanca, pero ahora se veía mucho más Estaba totalmente inconsciente. Pensé que estaba muerta. ¡La habían matado! ¡Hijos de su puta madre! Mis ojos se llenaron de lagrimas. No podía controlar la rabia.

Me volví a quedar dormido, después supe que habían pasado quince días en los que había estado practicamente como vegetal, sin comer, sin hablar, sin moverme. Cuando desperté seguía en la bodega y en la obscuridad. Creía que Romina estaba muerta y estaba seguro que si no hacía algo me matarían a mi también. Decidí mantenerme despierto y alerta. Tenía que escapar de ahí a cómo diera lugar.

Después de varios intentos conseguí pararme, me moría de sed y hambre. Usando mis manos fui guiandome en la obscuridad. Localice el bebedero de los caballos y tomé agua hasta saciarme. Los animales se habían puesto nerviosos y hacían mucho ruido.

Uno de los hombres, el que me había violado entró a ver que sucedía. Me encontró en el bebedero. Se acercó hasta mi y me dio una patada. ¡Cuando quieras hacer algo primero tienes que pedir permiso! me gritó. Yo intenté defenderme, pero mis fuerzas eran como las de un bebé. El alboroto hizo que los otros dos hombres entraran a la bodega.

Me tumbaron en el suelo y me dieron unos cuantos golpes. Decidí que lo mejor sería obedecerles, me iría muy mal si seguía resistiendome. Una silueta de mujer tapó la poca luz de la luna que entraba por la puerta. ¡Era Romina! ¡Estaba viva! Inmediatamente me volvió la felicidad. Soportaría todo lo que me hicieran con tal de que no le hiceran daño a ella. Repentinamente me di cuenta que ella seguía desnuda, no la tenían amarrada y nadie se preocupaba de vigilar que ella no escapara. Algo raro estaba sucediendo.

Ella reía mucho, parecía que estaba en otro mundo, en realidad estaba drogada. Sus ojos se veían desorbitados. Su rostro estaba descompuesto, el cabello lo tenía todo desarreglado, era como un animal salvaje.

El hombre que me había violado ordenó: ¡Este dejénmelo a mi! y los otros dos obedecieron, parecía que era el jefe de la banda. Me sentó recargadó en la pared. Buscó desesperadamente entre mi ropa que estaba toda desgarrada, así que no le costó mucho trabajo encontrar mi pene. Lo sacó, empezó a mover mi pene de arriba a abajo, masturbandome, inmediatamente reaccionó.

Mientras los demás observaban el tipo se introdujo mi pene en la boca, sorbiendolo con delicadeza, llenandolo todo con su saliba y moviendo su lengua con rapidez. Uno de sus compinches se arrodilló detrás de él, le bajó los pantalones y le empezó a lamer el culo. El jefe se retorcía de felicidad. Contra todas mis fuerzas mi pene respondía a las caricias de la lengua del secuestrador.

Yo veía a Romina con vergüenza, pero ella parecía disfrutar todo eso. Se sentó en el suelo torpemente y se empezó a masturbar. El otro hombre que estaba parado observando todo les advirtió a los demás lo que estaba haciendo Romina: ¡Miren, la perra se puso caliente!

Empezaron a reir los tres, ella se les acercaba y quería abrazarlos, pero ellos la rechazaban, algo había sucedido, ellos ya no querían con ella. A uno de ellos se le ocurrió una idea: ¡Traiganle a Diablo!

Los otros dos se quedaron viendo seriamente, pero después empezaron a reír a carcajadas, y fueron a buscar a Diablo. Resultó que se trataba de un hermoso caballo negro que al parecer estaba en su día. Romina no parecía entender nada. Ella solo obedecía lo que los delincuentes le ordenaban.

- ¡Ahí está perra! ¿Quiéres coger? Pues adelante. Diablo anda muy caliente.

Entre risas y empujones, Romina se metió bajó el animal y empezó a acariciar el enorme miembro de Diablo. El caballo reaccionó de inmediato, su miembre creció tanto que Romina estaba feliz, lo masturbaba con las dos manos y lo besaba por todas partes. Restregaba el miembro del animal por todo su cuerpo. Se lo ponía enmedio de las nalgas. Intentaba introducirselo pero era imposible.

Diablo estaba muy excitado y no dejaba de moverse. Yo temía que pudiera matar a Romina, pero ella encambio estaba feliz, y tenía un orgasmo tras otro.

El jefe de los secuestradores volvió a donde yo estaba y siguió con el trabajo que había dejado pendiente. Mi pene estaba muy erecto, la imagen del hermoso cuerpo de Romina con el enorme miembro del caballo me producía un efecto indescriptible. El otro hombre siguió mamandole el culo al jefe, mientras que el otro me ponía su pene en la boca.

No lo pude evitar, tome el miembro, lo acaricié y lo metí en mi boca, con mi lengua acariciaba el enorme pene, mientras que sentía las caricias en el mío. De pronto me voltearon, me pusieron en cuatro patas. Busqué desesperadamente el pene del hombre, lo introduje nuevamente en mi boca y seguí mamando. No lo podía creer, ¡yo era el que buscaba que me violaran!

Senti como me penetraban lentamente. Empecé a mover mis caderas, quería que me doliera, quería sentir el miembro del hombre dentro de mi. Uno de ello se metio debajo mio, tomo mi miembro con su boca y empezó a mamarme.

Tenía a tres hombres haciendome el amor, cada centímetro de mi cuerpo era como un radar que detectaba cualquier movimiento y lo transmitía al cerebro con una señal de placer. Uno de ellos en mi boca, otro en mi culo y el tercero en mi pene.

Cuando miré a Romina bajo el caballo, bañándose de leche todo el cuerpo, ella teniendo un orgasmo enorme y el caballo brincando de gusto no pude más y reventé. Todo mi cuerpo se convulsionó, llené la boca del tipo con mi semen, mientras que el otro mi llenaba la cara y uno más el culo.

Quedamos todos tendidos en el suelo. El animal quería más, pero como Romina no le hacía caso salió de la bodega. Así estuvimos varios días más. Después supe que se habían llevado a Romina a algún bar y había adquirido gonorrea. Por eso nadie quería penetrarla.

Sucedió algo muy extraño conmigo. Obedecía todo lo que los secuestradores me ordenaban sin chistar, inclusive los protegía y calmaba cuando discutían entre ellos. A los pocos días ellos ya no se cubrían el rostro, andaban entre nosotros como si nada. El psicólogo dice que es algo normal que los secuestrados se sientan protegidos por sus secuestradores. Tal vez eso sea.

Cuando por fin localizaron a mis padres, negociaron el rescate y nos dejaron en libertad. Ni Romina

ni yo nos atrevimos a dar señales de los secuestradores. Ella va regularmente a un hospital psiquiátrico, pues quedó algo mal. Yo me siento bien. Creo que fue una experiencia realmente atroz, pero no puedo negar que la disfruté.



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