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Relato erotico:
Zoo: Ringo, un perro fuera de lo normal / Parte 2
Llegó la mañana de la partida de Nicolás y tras despedirse de ella y de sus padres partió y regresando Lucía al interior de la casa se topó con Ringo que la miró fijamente; pero esta vez ella notó en los ojos del perro un intenso y particular brillo. De todas maneras en ese momento y durante todo el día no recibió ninguna comunicación por parte de él.
Esa noche cenó con sus suegros, una vez que terminaron de cenar y de tener una breve sobremesa
ayudó a su suegra en la limpieza de la vajilla y cocina y se retiró a
su apartamento.
Una vez en su dormitorio se desnudó y colocó en su cuerpo el
liviano camisón que le llegaba hasta la mitad de sus muslos y se metió en
la cama. Al rato volvió a sentirse inquieta y nerviosa como la vez anterior
e inmediatamente tuvo la necesidad de dirigirse a la puerta del apartamento.
Una vez parada frente a la cerrada puerta resonó en su mente la orden
mas nítida y potente que nunca "abre la puerta", sin vacilar
ni un segundo así lo hizo, y allí firmemente plantado en sus
cuatro patas, la cabeza erguida, las orejas tiesas y mirándola fijamente
estaba Ringo.
Se hizo a un lado y el can entró y se paró en medio de la pequeña
sala que estaba discretamente iluminada por una lampara de pie. Lucía
se aseguro de cerrar bien la puerta y se encaminó hacia el mismo lugar
en donde la esperaba Ringo, se detuvo frente a el y descubrió su ansiedad
por la espera de la siguiente orden. Esta no se hizo esperar ... "quítate
el camisón"... obedeció de inmediato sacándoselo
por encima de su cabeza, allí frente a los brillosos ojos del perro
aparecieron los rotundos y blancos muslos de Lucía y su pequeño
monte de suaves bellos sobre una cerrada y carnosa vagina. La mujer sintió un
tremendo escalofrío cuando el hocico se apoyo con firmeza en su pubis
y luego una rosada, larga y rugosa lengua le recorrió sus muslos en
forma larga y pausada.
Ya entregada y con su mente solamente puesta al servicio de las ordenes de
Ringo, recibió una última orden, y digo última porque
a partir de esto ella, como hembra obediente, sumisa y anhelante sabría
exactamente que hacer y en que forma satisfacer a su macho dominante. La última
orden: "abre tus piernas".
Lucía recibió en su abierta vulva la mas salvaje y placentera
lamida de su vida, esa lengua la llevaba a los limites de un placer que jamas
imaginó, la recorría desde su pubis, pasando por entre sus labios
vaginales hasta su ano y viceversa. En un momento Ringo concentró sus
lamidas en el inflamado clítoris y su hembra gimió profundamente
presa del impresionante y explosivo orgasmo que estallaba en su cuerpo. Las
piernas de Lucía se aflojaron y esta cayó de rodillas frente
a su macho quedando cara a cara. Ringo apoyó el hocico en la boca de
la mujer y sacando apenas la punta de la lengua rozó, con esta, los
húmedos y carnosos labios. Ella entendió y abrio sus labios para
dejar que penetre en su boca aquella sabia lengua y jugaron largo rato con
sus lenguas explorándose ambos sus respectivas cavidades bucales y mezclando
y tragándose sus salivas y babas.
Ringo se separó de la boca de Lucía y se dedicó a lamer
los senos palpitantes de la mujer y a mordisquear suavemente los duros y erectos
pezones, llevándola al límite total de su calentura. El perro
al advertir esto dejo de lamer y le dio un firme empujón al pecho de
la mujer para que quedara acostada de espaldas al piso y cuan larga era, una
vez en esa posición la hembra abrió automáticamente sus
piernas, pero el can tenía otra idea, comenzó a avanzar sobre
el cuerpo de Lucía pisando a los costados del mismo. De pronto ella
sintió la punta húmeda y caliente de la verga del animal que
hacia contacto con su pubis y desde allí comenzó a avanzar lentamente
hacia si vientre, alzo un poco su cabeza y vio, por vez primera el rojo y enorme
miembro del perro. Hipnotizada observo como avanzaba y dejaba un rastro de
viscoso semen en su blanco cuerpo y ya se acomodaba en el medio de sus senos,
haciendo una breve escala para seguir y llegar por fin a los labios de la entregada
hembra. Lucia entreabrió los labios y aprisiono suavemente la punta
aguda del miembro que se le ofrecía y lo acarició con la punta
de su lengua. Así unos minutos hasta que golosa y sedienta comenzó a
tragar todo lo que podía de la verga animal, una vez que ya ocupaba
casi la totalidad de su boca y llegándole hasta la garganta, aunque
ni siquiera era la mitad de la verga que casi la ahogaba, comenzó una
profunda u concienzuda mamada, mientras acunaba y acariciaba con sus pequeñas
manos los grandes y cargados testículos de Ringo.
Asombrada vió como se formaba una gran bola en la base del miembro
y como este comenzaba a latir y sacudirse dentro de su boca, aunque ya en este
rato que duraba la mamada había sentido resbalar garganta abajo pequeños
latigazos de ácido semen, sabia que lo mas importante estaba a punto
de ocurrir, apenas termino de pensar en eso cuando una catarata de leche perruna
inundó su boca obligándola a tragar rápidamente para que
no se desbordara por la comisura de sus labios, aun así eso fue inevitable
y sus mejillas y cuello se vieron mojados de este, para ella, ya sabroso semen.
Mientras su macho se descargaba interminablemente en su boca ella a su vez
se vio sorprendida por un intenso orgasmo que inundo aun mas su ya encharcada
concha.
Al terminar de correrse Ringo ella le limpió completamente la verga
y vió como esta perdía algo de rigidez y su bola disminuía
considerablemente, a pesar de esto siguió con sus caricias bucales y
manuales por otro rato. La dureza de la verga volvió a sentirla y su
macho salió de la posición en que estaban y parándose
al lado del cuerpo tendido de ella, volvió su gran cabeza y la miró fijamente
directo a los ojos, ya no había necesidad de ordenes y ella lo comprendió perfectamente.
Rápidamente Lucía se volvió sobre el piso y adoptó la
posición de 4 patas abriendo al máximo sus muslos dejando así expuesta
y muy abierta vagina. Así lo espero sumisa y caliente, el dio una vuelta
en derredor de su cuerpo, se detuvo detrás de ella y le dio 3 o 4 lametones
en la concha palpitante y caliente de su ya perra en celo. Lucía sintió esos
lametones y creyó desvanecer de gusto pero de pronto no mas lamidas,
solo oía el jadeo de Ringo detrás suyo, y comprendió que
el momento crucial se acercaba, por eso levantó lentamente las nalgas
ofreciéndose a su macho.
Este complacido de la total disposición y sumisión de su hembra,
la montó suave y tranquilamente, rodeó con sus patas delanteras
la breve cintura de la mujer, arqueo el lomo la atrajo hacia él, apoyo
su peludo pecho en la espalda de la mujer y con una habilidad increíble
digna de la inteligencia de este… ¿animal? afirmó la punta
de su grueso miembro en la entrada de la vagina y con un golpe de caderas le
ensartó la mitad de la verga. Lucía al sentir la penetración
tan firme y justa abrió muy grandes los ojos y la boca y de su garganta
salió gutural y largo gemido que para su suerte no llegaría hasta
los oídos de sus suegros debido a la relativa distancia en que estos
se hallaban y las ventanas y puertas cerradas de su apartamento. Ringo al sentir
la ajustada funda que cubría su pene y las palpitaciones de esta se
quedó quieto en espera que su hembra se acostumbrara a su verga y saboreaba
complacido el próximo movimiento a dar que no era otro que ensartar
a la hembra hasta el fondo de su caliente y babeante concha.
Lucía confiada por la quietud de su macho fue relajándose y
por lo tanto acostumbrando a su vagina a tremenda y dura verga, Ringo se regocijo
al darse cuanta de lo confiada que se encontraba su perra y resolvió que
ya estaba lista, apretó aun mas por la cintura a la hembra, afirmo sus
patas traseras al piso y de un fuerte empellón enterró totalmente
su verga en el cuerpo de la mujer. Esta aguanto estoicamente el empellón
afirmando sus manos al piso y si no grito fue por lo sorpresivo del movimiento
y porque este le corto prácticamente la respiración, aun así su
rostro era una muestra de variados gestos de sorpresa, dolor, placer, lujuria,
entrega. Las lagrimas corrían por su rostro, le era imposible cerrar
su boca y jadear en forma constante como realmente hacían las perras,
sentía su vagina estirada al máximo y llena de dura y caliente
carne...le dolía ¡¡¡pero que gusto sentía !!!
Ahora Ringo ya no le importaba si su hembra se acostumbraba o no a su potente
verga, solo importaba su placer y llenar de leche el útero de ella,
así dio comienzo a un frenético bombeo que arrastraba los labios
vaginales de las mujer hacia fuera y luego los volvía hacia dentro.
Lucía en el delirio de su mente sentía cuan profundo le llegaba
su macho golpeaba algo dentro suyo, que no sabia que era, y esto le producía
como fuertes corrientes electivas que le recorrían toso du cuerpo y
en su delirio comprendió que pertenecía en cuerpo y alma a este
tremendo macho que la fornicaba como nadie lo hizo ni lo haría jamas.
Así comenzó a tener una serie de orgasmos que culminó en
uno el mas grande orgasmo de su vida y fue en el preciso momento en que Ringo
le introdujo su gran bulbo. Si antes había sentido dolor ahora se sintió morir
y sus jadeos y gemidos se convirtieron de pronto en un sentido y lastimero
llanto, no podía hacer nada por la manera en que la sujetaba su macho
y por la forma en que la había abotonado. Otra vez, en su desesperación,
trato de relajar todo su cuerpo y sobre todo su conchita que ya jamas volvería
a tener aquel pequeño y delicado hueco, la ayudo mucho que su amante
otra vez se encontraba inmóvil dentro suyo. Pasado un rato y cuando
ya casi había logrado distenderse vino lo previsible, Rigo descargó cantidades
infinitas de semen en sus entrañas de tal manera que le provocó otra
serie encadenada de orgasmos y ya no resistiéndolo mas se dejo caer
de bruces en el piso quedando estirada cuan larga era y con sus piernas totalmente
abiertas. Pese a esto su macho seguía firmemente pegado a ella y con
sus cuatro patas afirmadas en al piso al costado del cuerpo de la hembra. El
macho dominante sintió un poco de piedad por ella y se mantuvo inmóvil
durante los 25 minutos posteriores a su descarga. Pasado este tiempo su miembro
y bola se fueron achicando haste que de un seco tirón se despegó de
ella.
Ocurrido esto miró complacido y satisfecho a su hembra que yacía
inmóvil boca abajo y con sus piernas todavía abierta y escurriendo
lentamente hacia fuera de su vagina su espeso semen. Ella todavía gemía
quedamente y lanzaba pequeños quejidos... Continuará
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