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Relato erotico:
AIDA: Aida II : El Bosque
Lo que estaba viviendo me tenía desconcertando, de modo que trate de interpretarlo como una experiencia generada en las circunstancias que rodeaban esa noche en la piscina y una especie de capricho de mi hermana. Seguramente ella estaba acostumbrada a bañarse desnuda y mi presencia no le era una traba suficiente como para frenar su impulso. De la experiencia, mía parecía no haberse dado cuenta.
Sin embargo mi primera impresión debió sufrir algunas drásticas modificaciones con el correr de los días.
A la mañana siguiente traté de ser lo mas natural posible, pero la verdad de las cosas era que estaba inquieto.
Cuando apareció a la hora del desayuno vistiendo unos cortos pantalones que exponían hermosamente sus muslos blancos y una blusa pequeña que solamente cubría parte de sus tetas, debí admitir una realidad que ya no me abandonaría. Era una mujer hermosa y era mi hermana. Esa realidad luchaba poderosamente contra otra igualmente valida. Esa mujer me inquietaba profundamente.
No hizo ninguna referencia a lo de la noche ni yo me atreví a hacerla, pero me miraba de manera extrañamente agradable, era como si quisiera decirme algo con la mirada que su boca, al parecer nunca diría.
Habíamos planeado para ese día una caminata por el campo cercano porque ella tenía interés en saber mi opinión acerca de algunas modificaciones que había realizado en unos establos ubicados al otro lado del bosque que enfrentaba a la casa.
Emprendimos la caminata por un pequeño sendero que luego de rodear la casa se introducía en el bosque. Ella, definitiva conocedora del lugar, caminaba adelante y yo la seguía no sin cierta dificultad debido a mi condición de hombre sedentario.
Debido al desnivel del terreno yo tenía frente a mis ojos el perfil generoso de su trasero definitivamente bien formado y la variante tensión de los músculos de sus piernas llenaba mis ojos proyectando una imagen inquietante pero hermosa.
Esa imagen que tan generosa y naturalmente me ofrecía, sumada a las reflexiones de mi insomnio me excitaban poderosamente y solo el hecho que estuviésemos caminando me permitía disimular el bulto monumental que la erección ocasionaba en mi liviano pantalón. Pero yo tenía temor que ella me mirara y notara mi masculina reacción.
De pronto ella se detuvo y yo instantáneamente hice lo mismo tratando de mirar hacia el valle a mis espaldas, de modo que no la estaba mirando cuando me dijo que no soportaba más y que debería orinar en algún lugar. Yo me reí de buena gana y sin volverme la escuche caminar sobre las hojas secas. Dejé transcurrir un tiempo prudencial y me volví pensando que ya habría terminado el proceso. La visión me dejo paralizado
Aída estaba apenas a unos cuatro metros mío de espaldas en cuclillas sin los pantalones y mostrándome el culo más hermoso que yo hubiese visto y he de confesar que he visto varios. Estaba completamente al descubierto, no se había ocultado tras ningún arbusto, que allí había muchos. Su cabellera se había soltado sobre la espalda cubierta por su blusa roja.
Sus nalgas eran algo que electrizaba, sus hemisferios perfectos y esa hendidura central delineando una sombra que era definitivamente atractiva, perturbadora.
Pero si la imagen que describo me dejó paralizado lo que vino después me llevo hacia el límite de mi resistencia. Aída se dio vuelta lentamente para quedar de frente hacia mí. Su cabello ahora colgaba por delante de manera que podía cubrir su rostro como para ignorar mi presencia. Como si estuviese en la absoluta soledad en medio del campo, comenzó a separar lentamente sus piernas, lo que me permitió observar la perturbadora sombra de su sexo.
En ese momento pensé que ella ya había concluido su tarea y que se pondría de pie para continuar nuestro viaje, pero estaba equivocado. Cualquiera que fuese la razón, la verdad era que ella no había realizada nada hasta el momento.
Yo estaba clavado en el suelo sin tener una idea clara de lo que debería hacer, de modo que nada hice.
En ese estado de expectación fue que se me presento a mi vista la visión electrizante de un chorro líquido dorado brotando de entre su magnifica mata de vellos pubianos que con una fuerza a mi juicio inusitada salía desde su centro para caer drásticamente entre las hojas frescas del suelo. La salida de esa maravillosa columna líquida estaba acompañada de una especie de silbido que no hacia sino aumentar el contenido excitante del espectáculo. No podría decir cuanto tiempo duró el cuadro descrito, pero para mi era como una penetración en los orígenes mismos del contenido erótico de una función fisiológica que no había contemplado.
Aída parecía estar comunicándose con la tierra misma a través de su precioso chorro y a mi el cuadro terminó por parecerme hermoso.
Luego de unos momentos el chorro pareció perder si ímpetu y algunas gruesas gotas aun terminaron por caer. Entonces se puso lentamente de pié , permitiéndome observar en detalle su sexo impresionante en medio de sus piernas perfectas, y como si estuviese completamente vestida se acomodó el cabello y caminó aun unos cuantos metros para ponerse luego los pequeños pantalones. Nada había dicho e ignoró absolutamente mi presencia como si yo no existiera.
Lo sucedido me había sacado completamente de mis apreciaciones normales de la situación porque ella no me estaba dejando alternativa, puesto que yo había permanecido absolutamente pasivo ante todo lo contemplado. Pasivo desde el punto de vista motriz solamente, porque desde el punto de vista mental estaba completamente perplejo.
No obstante lo anterior yo decidí continuar nuestra caminata sin considerar para nada lo sucedido.
A los pocos minutos llegamos hasta el establo y ella me mostró con mucho orgullo las mejoras que allí había realizado, hicimos un recorrido completo y luego nos dispusimos a regresar a la casa.
Deliberadamente yo tome ahora la delantera y trate de recorrer el mismo camino que habíamos hecho anteriormente hasta llegar al mismo lugar en que ella había realizado su descarnada presentación.
Entonces le dije que descansáramos un momento porque hacía mucho calor Acto seguido me senté entre las hojas y me imitó tendiéndose sobre la hierva desabrochando su blusa como para permitir que el aire refrescara un poco sus pechos hermosos. En ese momento me puse de pie y deliberadamente, a un metro de distancia de ella, desabroche mi `pantalón y expuse mi miembro erecto.
Debo admitir que estoy muy bien dotado al respecto y que la excitación que en mi había ocasionado su espectáculo me tenía en un estado de erección suprema.
Ella fijó de inmediato los ojos en mi miembro descomunal y en ese momento mi chorro violento traspaso los aires para caer allí a un metro de ella sin poder evitarlo. ¿Qué podría decirme si yo no estaba sino devolviendo la mano?
Yo tuve buen cuidado de no dejar de mirarla y ella estaba como hipnotizada sin poder separar la vista de mi fabuloso instrumento. Cuando terminó de salir el chorro a agite repetidas veces el tronco carnoso en el aire para que pudiera tener suficiente tiempo y luego moviéndome como despreocupadamente hacia ella retire la `piel del glande y la cabeza monumental fue expuesta a la observación de la única hembra presente que lo miraba con los ojos casi desorbitados.
Continuamos nuestro camino en silencio al parecer con la convicción absoluta que al parecer nada anormal estaba pasando entre los dos. Las cosas que habíamos hecho eran la satisfacción de necesidades absolutamente naturales.
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