Salió Teresa a abrirme la puerta. Llevaba una blusa blanca y una falda negra y medias color de humo en sus gruesas piernas. Con su moño a la nuca estaba muy bien dentro de lo que ella era: una jamona pasada de años. Me tendió la mano tímidamente, yo tiré de ella y le dí un beso afectuoso en la mejilla. Pasamos al cuarto de estar.
Lola estaba allí, de pié con una mano apoyada en la camilla. En su cara tan blanca, ya he dicho que muy linda para su edad había grandes ojeras moradas.
¿Que tal, Lola? - pregunté.
¡Ay! Mal. Estoy mal
Iba vestida exactamente igual que su hermana, pero pronto ví que ni podía estar de pié ni mucho menos sentada. Cariñosamente le dije "No es nada Lola. Tu no tienes la corpulencia de Teresa. Tu eres muy estrechita, pero ya verás como mañana estas bien.
¡Ay! ¡No se, no se! ¡A lo mejor para esto no sirvo…!
¿Como que no Lola? Yo las he conocido mas estrechas que tu. ¿Y las niñas que hacen el amor…?
No se, no se. ¿Si no sirvo le bastará con Teresa?
No. Tienes que servir tambien tu. Te lo digo cariñosamente y con conocimiento de causa. Y vas a ver como te voy a tratar.
Pero aquel día me quedé solo con Teresa, ella realmente no podía. Primero me llevaron a una habitación donde había una cama de hierro bastante grande, pero era tan ruidosa que no servía para lo que yo quería. Me llevaron por toda la casa. "Aquí solo hay una cama de madera, que es la que tiene Mama y otra que es como esta pero mas estrecha" Fuimos a ver la cama de su Mama y a su Mama en ella.
La señora estaba muy arregladita con su pelo blanco cogido cuidadosamente en un moñete sobre la cabeza y una especie de peinador sobre los hombros. Era tremendamente gorda, con la arrugada cara sumida en una ancha papada, una enorme pechuga desparramada y bultos bajo las sábanas que hacían adivinar grandes masas de carne. No volvió la cabeza, ni movió los ojos, ni pareció enterarse de nada.
La acariciaron sin obtener señal de respuesta alguna. "Es muy mayor ¿sabe?
¡Pobre chatita! La llamamos chatita ¿sabe? porque lo es. Aun tiene buena salud aunque tiene ciento dos años, pero, claro, casi nuca se entera de nada.y no la levantamos de la cama por eso. Bueno por eso y porque apenas la podemos manejar y tenemos miedo a que se nos caiga.
Les dije que compraría una cama a mi gusto y que se la llevarían para instalarla donde estaba la de hierro. Cojí por la cintura a Teresa que se vino conmigo, creo que de buen grado a la cama estruendosa.
La desnudé y le ordené que me desnudase y cuando se agacho para sacarme los pantalones por los pies le pase mis organos por la cara. Ella me miró un poco sorprendida. "Dame un besito ahí ¿no?" le pedí me dió unos besitos con timidez y la acosté cogiendole sus gruesos pezones. La besé el cuerpo, las tetas y la boca, la masturbé hasta llevarla alto, alto y entonces la enseñé a chuparla. Aunque Teresa es torpe por naturaleza aprendió pronto. Tiene una boca muy profunda y a ella le gusta meterse mi miembro hasta su base y entoces sacar la lengua y darme unos lametones en mis reservorios, aunque alguna veces tiene alguna nausea y otras no llega. Chupaba, succionaba con fuerza y me hizo correrme en su misma campanilla. Se atraganto y tardo un rato en recobrarse, y mientras me pedía perdon y me miraba de reojo.
Aunuqe aquello se habí interrumpido, ella se aplicó a recuperarlo y yo colaboré dandole unos lametones profundos. Chilló de placer y cuando seguí lamiendola ella misma se fue volviendo hasta descubrir por sí misma el 69. Se abrazaba a mi cintura, acezaba, chupaba y casi se moría y un momento antes de corrernos llamé fuerte a Lola que entró cuando estabamos en pleno delirio.
Se quedó trastornada en la puerta, apoyada en el marco. "Ven aquí, amor mío" le dije. "Yo no puedo, yo no puedo" decía pero se iba acercando como hipnotizada. La cogí pro una mano y la tiré en la cama. Le meti la mano en sus tetitas y luego entre sus piernas y le hice una paja delicada pero intensa hasta que se derrumbo y empezó a correrse en una especie de convulsiones.
Volví a Teresa, le mojé bien el culo y tras de meterle tres dedos varias veces se la metí por el todo lo que pude, procurando no ahcerle mucho daño no fuera que me quedase el dia siguiente sin ninguna de las dos. Pero me corri en su culo y al sentirme ella se corrió tambien.
La cama a todo esto gemía como si la estuvieran deshaciendo.
Me despedí anunciandome para el dia siguiente a la misma hora. Cuando ya me iba, Teresa salio apasionada y me dió unos fuertes y sonoros besos. Lola salió tímida sin saber que hacer y la cogí por la cintura y la bese como si fuera una bailarina de tango, doblandola para atrás.
Nuestras relaciones entraron por el buen camino. Lola se rehizo enseguida y resultó que si podía y yo la disfrutaba y hasta la citaba en una cafeteria para tomar algo y a ella eso le encantaba.
Dicen que las naciones felices no tienen historia. Las relaciones felices, tampoco y este relato se convertiría en monotono si siguiera contando el día a día. Solo debo decir que ya llevamos mas de un año y aunque ahora las veo de tarde en tarde, porque tengo mas cosas, no pienso dejar a mis viejecitas por ahora.
Solo contar una cosa mas y ya acabo. Un día, por cosas que no vienen a que me quedé solo en la casa. Estaba hojeando un periodico en el pequeño cuarto de estar cuando oí un ruido en el cuarto de la Mama y entré en el. Un vaso se habia caido.
La Mama estaba como siempre inmovil, con los ojos azules turbios como los de un pescado, clavados en el techo. Y de repente y puesto que no se enteraba de nada decidi magrearla y si era posible follarla.
Y empecé por tocarle las pechos y luegos descubrirselos y cojerle los pezones. Permanecia completamente ausente. Los pechos eran enormes y los pezones muy arrugados gigantescos. Me desnudé y la destapé. Le subí el camison. Una serie de roscas de grasa formaban su vientre y sus muslos muy blancos pero con evidentes venas azules formando grandes cordones. Quizá por la edad no tenia vello en el pubis.
Le puse la mano en el coño y mientra le mordisqueaba de un lado a otro la masturbé un poco. Me puse de rodillas entre sus piernas y empecé a joderla. Aquello tenía mucho morbo y cuando ya me iba a correr, ella empezó a moverse un poco y dijo "Paco, Paquito… Paquito, mas…" Me corrí un par de veces y ella la primera vez me acompañó un poco. Luego volvió a quedarse como siempre.
Luego arreglé la cama, me lave y me vestí sorprendido que aquello le hubiera hecho rememorar por un momento su matrimonio.
Cuando volvieron mis amigas les dije:
Vuestra Mama hoy esta un poco agitada. La he oido llamar a un tal Paco, Paquito.
¡Ah! ¡Que raro! -dijeron las dos
¿Quien era Paco? ¿Vuestro padre?
¡No! -dijeron ellas- Nuestro padre se llamaba Ramon. Paquito es el chiquillo del kiosco de periodicos que sube a cuidarla los domingos mientras nosotras vamos a misa. Es muy salado. ¡Valiente pillin!